El Amor de la Abadesa
- Este poema está debidamente registrado por su autora -

 

Cabalgaba tan ufano.

Tan alegre y tan señor.

Que el camino se entregaba.

Y a la vera daba flor.

Alto era de buen porte.

Su montura, su jergón.

Y a los trotes que ella daba.

Le llevaba la pasión.

Al pasar por un convento.

Su caballo relinchó.

Siete monjas, en corrillo.

Lagrimeaban de dolor.

¿Qué os pasa?¿ Lloráis luto?

¿O tenéis otra razón?

Porque sólo el llanto aflora.

Cuando al alma. Parte en dos.

¡Ay, señor. Ay mi señor!

Visto queda ya por vos.

Que una pena nos embarga.

Y aflige el corazón.

¡Diga usted si no es tristeza!

¡Diga usted si no es dolor!

Por amores la abadesa.

Ha perdido la razón.

Y decidme sin reparo.

¿Quién su alma conquistó?

Pues amarlo, debe mucho.

Dada ya su condición.

Ella dice. Que a una espiga.

Que en trigales se encontró.

La cortó con fina hoja.

Y al convento la llevó.

No comprendo tal locura.

¡Pues perdida es la razón!

En verdad que me entristece.

Su manía y cerrazón.

A la espiga. Ella le versa.

Y la mima cual la flor.

Nos la tiene en la capilla.

Y obliga a una oración.

Pues dejadme que yo entre.

Y que pueda verla yo.

Tal vez deba convencerla.

¡Que una espiga no es amor!

Entrad pues. Vos caballero.

Al lugar que la postró.

Y veréis a la abadesa.

Y a la espiga de traición.

Buenas tardes le confieso.

Aunque buenas no vea yo.

Siete monjas. Recabaron.

Apenadas de dolor.

Pues pasad y ved mi angustia.

Que en altar venero yo.

A esta espiga que reluce.

Como el oro con el Sol.

Yo la miro y contradice.

Pues tan simple. Es sólo amor.

Siempre duerme en el silencio.

Esperando al segador.

Lo da todo cuando muere.

Y fallece en su esplendor.

Hambre quita siempre al pobre.

Generosa. Más que yo.

Vehemente ella se entrega.

De sublime corazón.

En los campos formó nidos.

Y amapolas. Cobijó.

El amor que le profeso.

No le voy a quitar. No.

Pues tal vez así amanezca.

Y trigales siembre yo.

Qué me trajo a este convento.

Que respira tanto amor.

Con espiga y abadesa.

¡Yo que he sido segador!


Música:

Ave María - Tárrega


 

 

 

 

 

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