Final

- Este poema está debidamente registrado por su autora -

 

La sombra impávida

del atardecer

busca refugio en mi alma.

Con calma extiende su manto

para abrigarme en su llanto

y enloquecer mis sentidos.

Me abrasa con sus gemidos

e intenta conquistar, furtiva,

la muralla de mis años

ya vividos.

Armándome de conciencia,

opongo mil resistencia,

cual guerrero embravecido.

¡Mañana!

Mañana y no hoy

entrarás en mi alma.

¡Mañana! Grito ¡Mañana!

Mañana tal vez me puedas.

¡Hoy lucharé con ganas!

Cuando llegue ese momento,

al que me tienes abocada,

dejaré que entres en mi alma,

conquistando mi muralla

y asaltando las almenas,

quedando yo prisionera

de tu sombra traicionera.

¡Mañana! Grito ¡Mañana!

Sé que me acechas sin prisas.

Sé que me buscas con ganas.

Sé que te escondes furiosa,

en algún rincón de mi alma.

Esperas mi atardecer,

como a la playa, la ola.

Enarbolas al viento,

tu manto nacarado,

para confundir el negro

de tu negra sombra.

Aún me quedan vivencias

y atrinchero mil recuerdos

en imaginarios castillos.

Son mis sueños fortalezas.

Mi alma, una muralla.

Mas entablaremos batalla,

cuando llegue ese momento.

Conquistarás con tu sombra

todo lo que ahora tengo.

Y en el vacío inmenso,

de un atardecer cualquiera,

te entregaré el castillo,

incluidas las almenas.

Me rendiré tranquila.

Y pensaré con calma.

¡Mañana!

¡Mañana puede ser hoy!


Música:

Athair an Neamh


 

 

 

 

 

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